Sábado, 23 del 6 de 2018
Entrar | Registrarse | 13374 poemas y 817 autores. ¡Envía otro! Un poema al diaen tu weben la web de google
sifuesepoeta.com
  • Modo de lista: Completa | Títulos | Primer verso
  • Ordenar:
  • Nº por página:
Web sifuesepoeta
SFP te recomienda:

Poema del día

•
Gonzalo Rojas
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: ¿amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 4798
Comentario:
Título: ¿qué se ama cuando se ama? Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Gonzalo Rojas Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO Ver todos los poemas disponibles de este libro
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:




Listado de poemas

•
Lina Zerón
Hoy resucitó un dolor maldito.

Te vi cruzando la calle,
tranquilo,
sin prisa.
Apenas nos separó el aliento,
busqué tu mirada.
Casi probé tus caricias.

Volteaste el rostro,
ella se acercó suavemente,
tejió sus dedos entre tus manos
y una sonrisa en común brilló.

Retrocedí nerviosa.
Mi mente voló a otra fecha:
la misma calle,
la misma hora...
Tu, yo. Ella al acecho.

Alucinaron mis ojos,
recordé cuando eras buitre volando
en círculos de aurora tras mi negra cabellera.
Volví a sentir el fuego de tu sable
y tu boca hurgando en mi boca.

El llanto reventó en mi cara,
congeló mi sangre.
Se entumieron mis manos...
Tu, ella. Yo en el olvido.

Me di la vuelta,
caminé con prisa.
vomité tu nombre en la siguiente esquina.

De "Moradas Mariposas"  2002
Ed. Unión y UNEAC, La Habana



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 3498
Título: resucitado recuerdo Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Lina Zerón Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:


•
Jose R Mendez
Los Años

Pasan los años y la vida queda
Las flores marchitan, pudre la madera
Se hunde el viejo barco, se apaga una vela
Se extingue una luz, no brilla mas la estrella.

Seca la raíz profunda en la tierra
Deja de rugir el tigre en la selva
No corre el arrollo que trae agua fresca
Puede que se acaben las buenas cosechas.

Pasan las tormentas de amarguras y penas
Mueren amigos y el pecho se aprieta
Vivamos la vida, hagamos la fiesta
Que borre con ganas odios y tristezas.

Unamos las manos tal vez con más fuerza
Saquemos del cuerpo el alma perversa
Brillante seria cerrarle la puerta
Al futuro oscuro que escondido acecha.

Así es esta vida de todas maneras
Pudiera ser larga pero nunca eterna
Como se acaba la hierba y queda la piedra
Pasan los años y la vida queda.



Lo envió: Mendoka
04/06/2010 08:06
Veces mostrado: 3242
Título: Los Años Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Jose R Mendez Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: A Ver Que Pasa
Fecha en que fue escrito: 04-06-2010
Idioma: Español


•
Ricardo Peña
Tu soledad y la mía no viven hoy en el mundo
de insospechádas flores, de recónditos cielos?
Tu cuerpo sombra de agua,
no alienta un mundo nuevo?
Tu alto pecho helado, tu cuerpo, abierta planta
de animales nocturnos,
cual resplandor de humo,
cual corazón del alba y que descubre un pecho
dulcísimo de mi sombra?

Se acentúa el silencio y la angustia declina.

Una estela de cánticos se  eleva y expresa
cómo es de leve y pálida tu alma matutina.



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 3080
Título: tu soledad y la mía no viven hoy un mundo Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Ricardo Peña Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:




•
Antonio Carvajal
Quien tanto te adoró, muerde tu pecho
y desata torrentes carmesíes;
tiene en las sienes pulsos colibríes
y undoso el pelo como el crespo helecho.

Dardo de luz acomodé en tu lecho,
duras palpitaciones y rubíes.
¡Y qué fundirse nardos y alhelíes
culmen mi cuerpo de tu cuerpo y techo!

Labios que te invocaron, como a diosa,
bajo tu vientre ya volcán obsceno,
sobre tu piel serpientes de zafiro,

azules de pasión -no de veneno-
sorben, caliginosos, tu ebria rosa
e, hidrópicos de anhélito, el suspiro.



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 4216
Título: sierpe profana Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Antonio Carvajal Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:


•
Medardo Ángel Silva
se han unido la hora, el piano y tu cuerpo
para hacerme morir de nostalgias fragantes.
                                   juan ramón jiménez
Qué rosas de harmonía deshojas a la tarde,
cuando sobre las teclas -lirios blancos y negros -
insinúan tus manos, en un lírico alarde, ~
las finas carcajadas de los locos allegros!

La agonía del sol pone de oro la estancia...
los verdinegros árboles son vagamente rojos...
y, desde el corazón, -búcaro de fragancia-
sube un dulzor de lágrimas que hace nublar los ojos!



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 5250
Título: 2. qué rosas de harmonía deshojas a la tarde... Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Medardo Ángel Silva Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:


•
Miguel Otero Silva
Cuando de mí no quede sino un árbol,
cuando mis huesos se hayan esparcido
bajo la tierra madre;
cuando de ti no quede sino una rosa blanca
que se nutrió de aquello que tú fuiste
y haya zarpado ya con mil brisas distintas
el aliento del beso que hoy bebemos;
cuando ya nuestros nombres
sean sonidos sin eco
dormidos en la sombra de un olvido insondable;
tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,
como yo en el follaje del árbol
y nuestro amor en el murmullo de la risa.
¡Escúchame!
Yo aspiro a que vivamos
en las vibrantes voces de la mañana.
Yo quiero perdurar junto contigo
en la savia profunda de la humanidad:
en la risa del niño,
en la paz de los hombres,
en el amor sin lágrimas.
Por eso,
como habremos de darnos a la rosa y al árbol,
a la tierra y al viento,
te pido que nos demos al futuro del mundo...



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 5084
Título: siembra Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Miguel Otero Silva Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:


•
Rubén Darío
El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertos y daños.


Fuertes cazadores armados de
hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: «¡Paz, hermano
lobo!»  El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: «!Está bien, hermano Francisco!»
«¡Cómo!»  exclamó el santo. «¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?»

Y el gran lobo, humilde: «¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces... comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!»


Francisco responde: "En el
hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"

«Esta bien, hermano Francisco de Asís.»
«Ante el Señor, que toda ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.»
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, bajo la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: «He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios.»  «¡Así sea!»,
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió la testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintiose el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto en los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si estuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos los buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.

«En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote» dijo, «¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.»

Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:

«Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,

y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.»

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: «Padre nuestro, que estás en los cielos...»



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 5329
Título: los motivos del lobo Ver poema "¿qué se ama cuando se ama?" completo (en nueva ventana)
Autor: Rubén Darío Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:



Encontrados 13374. Mostrando del 1 al 7Página: 1/1911.

Comparte esta página:

SFP está ideado como un lugar sin ánimo de lucro, con el objetivo de rendir homenaje a los poetas y hacer llegar sus palabras a un público general que cada vez tiende más a olvidar este indefenso arte, y permitir a otro público más concreto, los reales amantes de la poesía, conocer autores y obras que tal vez no conozcan, permitirles hacer sus aportaciones, y de una forma sencilla y cómoda mantenerles cerca de todo eso que no deberían perder. Todos los derechos de los textos pertenecen a sus autores. Todos los poemas han sido obtenidos de la red y son de dominio público, o han sido enviados por usuarios ajenos a la organización de SFP. Si alguien tiene derechos reservados sobre alguno de ellos y se considera perjudicado, por favor comuniquenoslo.
ver indice completo de poemas (todos, por orden de inserccion, mostrando numero de inserccion, autor y titulo, paginados de 100 en 100)
ver lista completa de poemas (esto podría tardar varios minutos en cargar. Entre aqui solo si está seguro de que es lo que necesita)
ir arriba | contacta